Aquí va otro adelanto de lo que será La Puta Amaestrada, el loco es otro de los personajes. El nombre es tan especial que no lo he puesto todavía.
Mientras tanto, en este 14 de febrero les mando un saludo sobre todo a aquellas personas que aman en silencio, y es que me parece que el silencio es más intenso que cualquier palabra y más significativo que cualquier peluche o rosa estúpidos. Perdón por la sinceridad y gracias nuevamente.
EL LOCO
El loco prendió un cigarro para poder frenar sus pensamientos constantemente acelerados. El loco era un tipo apuesto, inteligente, y un semi alcohólico, ya que no rechazaba ninguna copa de vino, ninguna salida, el loco no baila, pero bebe sentado, como endemoniado. Al loco le gusta beber y hablar, no para de hablar, de filosofar sobre la vida.
Mientras el cigarrillo se consumía, el loco había estado pensando que en el difícil oficio de vivir, osea de mantenerse de pie soportando, resignado, la fuerza de gravedad, a la que toma como un castigo perpetuo de dios o de quien sea que nos haya creado o simplemente puesto aquí en esta tierra, en este oficio; sin embargo, nunca dejamos de tratar de disfrutar de la vida que se nos regaló o que tal vez nos obligaron a vivir.
En ese sentido el loco rabioso llegó a la conclusión de que tenía que sacarle el mayor provecho y disfrutar de la vida tanto, que su goce resulte un insulto para su creador.
El loco iba a la universidad y siempre que podía trataba de burlarse de sus profesores, hacerlos caer en ridículo y en los últimos años iba hasta en estado de ebriedad, es un bohemio y hasta dicen por ahí que cuando estaba en el vientre de su madre, la mujer fumaba tanta marihuana que el loco nació así: Loco.
La frase más célebre del loco era: La vida es una mierda, pero aún así nunca quiso dejar de vivirla.
Él y Úrsula se conocieron bien una noche de invierno, se encontraron con unos amigos de Uchu en un bar de Miraflores, hacía frío. Ella se había convertido en un capricho más del loco, él la quería poseer cueste lo que cueste. En el salón de clases, el loco se sentaba con ella, o a veces, cuando Uchu decidía sentarse sola atrás, el loco la miraba, volteaba a cada rato para pescar su sonrisa cuando alguien hacía una broma.
Ese día en el bar, los dos sabían para qué se habían encontrado y, aunque el loco no baila y ella tampoco, se sorprendieron en la pista de aquel bar, y se acercaron de a pocos y de a pocos también fueron juntando sus labios, Uchu sentía como si ese beso fuera el primero de su vida y sintió, como hace mucho no lo hacía, esas cosquillas o mariposas en el estómago, esas que te avisan que lo que estás haciendo te resulta realmente placentero, que te gusta hacerlo, que no te arrepentirás, sintió eso que te dice que te estás enamorando.
Esa misma noche, salieron del bar rumbo a la nada, caminaron por el parque que estaba justo cruzando la calle, caminaron y se abrazaron, no soltaban palabras, sólo se limitaban a mirarse, sorprendidos por lo que estaban sintiendo, pero se hacía tarde y el loco la llevó hasta su casa y en el camino Úrsula quiso disipar todas las dudas y se pasó el viaje preguntándole al loco sobre las historias que había escuchado de él, si es que alguna vez probó marihuana, si es que era bisexual y otras cosas. Uchu escuchó lo que quería escuchar y lo quiso y lo besó y lo miró y nunca quiso que esa noche acabara y nunca quiso dejar de ver al loco, pero como todo caprichoso y fumador ocasional de porros, el loco la dejó ir como a un ave que mantuvo enjaulado, la dejó ir sin más preguntas, la dejó ir con esporádicos regresos y encuentros inconclusos, la dejó ir para no hacerla sufrir, para que su recuerdo no sea una huella tan honda en la arena del mar de los sentimientos de la pequeña Úrsula, la dejó ir para quererla a los lejos, porque el loco, loco como era, mantenía un secreto del que nunca habló con ella, por ese secreto el loco huyó, porque si se enamoraba de Uchu ambos serían infelices por un largo tiempo.
Quién sabe si tal vez algún día Úrsula y el loco vuelvan a verse, a encontrarse, quién sabe si se miren como aquella noche, quién sabe si sentirán las mariposas sin alas que sintieron en el estómago al mismo tiempo.
Mientras tanto, sueñan el uno con el otro y tratan de insultar a su creador tratando de vivir la vida en su plenitud y es que, como diría el loco: “Lo importante es saber resistir”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario