sábado, 10 de diciembre de 2011

COLUMNA DE CÉSAR HILDEBRANDT


Tomado del semanario En sus trece 
MATICES - Columna de César Hildebrandt

CARTA A HUMALA

Las decepciones son mayores cuando las esperanzas son más intensas. A pesar de que la segunda vuelta obligaba a Ollanta Húmala a la moderación y a la búsqueda de consensos, era obvio que quienes votaron por él conservaron la expectativa de que un gobierno suyo iba a traer algunos cambios cualitativos. De eso se trataba, precisamente, la pelea política y moral con Keiko Fujimori.

Esa esperanza de cambios ha terminado.

En un proceso semejante a la progeria, esa enfermedad que envejece a los niños a la velocidad del infortunio, Húmala se ha resignado a gerentear el Perú.

El poder económico ha hecho con él lo que logró hacer con casi todos: ensillarlos, adobarlos, engullirlos. Al empresario salitrero Billinghurst no lo pudieron convertir en sirviente y por eso le dieron un golpe de Estado. Al general Velasco no lo pudieron asustar y por eso lo han convertido en el demonio temido al que hay que seguir aporreando desde sus medios de comunicación.

Todos los demás entraron al redil.

Húmala acaba de hacerlo a paso redoblado.

La declaratoria del estado de emergencia cuando se estaba a punto de llegar a un acuerdo no sólo dejó mal parado a Salomón Lerner sino que fue un mensaje hacia el futuro: los acuerdos son peligrosos cuando uno no está dispuesto a cumplirlos, mejor es militarizar "las ciudades alzadas".

Cajamarca no es una villa levantisca. Cajamarca está harta de esa minería avariciosa que todo lo enmu¬gra con sus ácidos, sus humos ponzoñosos, su dinástica mierda.

Cajamarca no está contra la minería que respeta y concede. Está en contra de ese antro aurífero, colonial-mente prepotente, llamado Yanacocha.

Ahora Cajamarca es una ciudad tomada "por las fuerzas del orden".

¿De qué orden?

Del orden tal como lo entiende la derecha pre Gutenberg peruana. Es decir, palo y bala si es necesario con tal de que nadie se oponga a nuestro destino de vendedores de rocas molidas. Y palo y bala para los que osen enfrentarse a 200 años de desprecio.

Húmala es nuestro nuevo Zelig. Habla como Sánchez Cerro, actúa como Alan García, decide como lo hubiera hecho Luis Bedoya. Ya ni siquiera disimula, lo cual, en efecto, es un mérito. Caída la máscara del reformador, apagadas las luces del centrista, Húmala marcha a paso ligero a ser el albacea del modelo que aquí impuso una banda de delincuentes cuyo cabecilla tiene una sentencia de 25 años por delitos de lesa humanidad. Que Húmala se prepare para otros Cajamarcas. Si cree que va a intimidar actuando como un matón que ordena detener durante diez horas, sin mandato judicial alguno, a dirigentes que salían de una cita en el Congreso, se equivoca.

Si cree que invirtiendo 500 millones de soles en infraestructura (mientras congela, irregularmente, las finanzas del gobierno regional) va a comprar a Cajamarca, se equivoca dos veces.

Y si cree que los aplausos de la derecha y su plebe amaestrada suponen un veredicto popular, se equivoca tres veces.

 
Saldrá este fin de semana una encuesta que dirá que su popularidad ha aumentado, señor Húmala. No se la crea. Detrás de esas cifras está la verdad. La rabia polvorienta de los pueblos que se sienten fuera de toda inclusión política no la miden las encuestas, que a Fujimori también le sonreían.

No les crea, señor Húmala, a los incon¬dicionales que le dicen que usted ha recuperado la autoridad. Eso le decía El Comercio a Sánchez Cerro cuando mandaba bombardear Trujillo, y a Odría, cuando mandaba matar a Negreiros. La historia del Perú está plagada de ovaciones siniestras venidas desde los palcos. Los éxitos "del orden" siempre serán provisorios cuando la meta no es hacer justicia sino durar, congraciarse con los inversionistas mineros, ser plausible para los de siempre.

Era justo borrar a Conga de la cartera de proyectos mineros. No sólo porque es incompatible con la agricultura y la conservación de recursos hídricos de la zona sino porque su Estudio de Impacto Ambiental era, como lo demostró el ex viceministro José de Echa-ve, maliciosamente incompleto. Y porque, además, Conga es hija de Yanacocha, una empresa que ha hecho todo lo posible para que los cajamarquinos la odien y le teman.

Ahora usted repite a Alan García con eso de que el suelo es privado pero el subsuelo es del Estado. Es un argumento tan indigno, intelectualmente tan mísero, que debería avergonzar a quien lo esgrima.

Vayamos al absurdo: ¿Y si mañana unos exploradores chinos o canadienses descubren, en las proximidades de Machu Picchu, un millón de toneladas de oro y varios trillones de metros cúbicos de gas? ¿Nos deshacemos de la zona de amortiguamiento de Machu Picchu? ¿Ponemos en peligro esa maravilla? No, ¿verdad?

Machu Picchu, al fín y al cabo, es el testimonio de una civilización que tuvo una relación amistosa con el medio ambiente. ¿Y por qué el pasado, por más majestuoso que sea, puede resultar más respetable que los límpidos presentes de una región que vive hace siglos de producir cosas fragantes que se comen?

Para llegar al subsuelo hay que perforar los suelos, abatir las propiedades, cambiar los paisajes, matar aguas. Decirle a Cajamarca que el suelo es suyo pero el subsuelo es "nuestro", es decirle que el suelo no es suyo y que está expuesto a la voracidad minera y a la complicidad del Estado con los poderes fácticos.

Somos una república unitaria, pero no somos una dictadura unitarista. Somos un país, no un cuartel. Y usted prometió (tengo las grabaciones respectivas) aguas y lagunas conservadas para Cajamarca, un nuevo país para los que han esperado tanto, cambios y reformas en los contratos de inversión que, tomando como base el interés público, así lo requirieran.

Presidente Húmala: no crea que es usted muy original. Tiene usted una ascendencia histórica abundante, aquí y en América Latina.

Y a usted, que ahora profesa tan auténtica amistad por Chile, le contaré brevemente la historia de Gabriel González Videla, un probable clon suyo que gobernó a nuestro amable vecino del sur.

González Videla llegó al poder en Chile en 1946. Logró eso porque contó con el apoyo de un frente popular que incluía al poderoso Partido Comunista de Chile. Y obtuvo el respaldo de ese frente, que incluía al Partido Radical, porque prometió un Chile nuevo y más justo.

Pues bien, la presión de los conservadores, las amenazas de Washington (un diálogo con Truman fue decisivo), la falsedad o endeblez de sus convicciones empujaron a González Videla a reprimir salvajemente las huelgas de mineros que reclamaban mejores salarios y a quienes él, precisamente, había prometido nuevas perspectivas y trato más digno. De inmediato, dictó la famosa Ley de Defensa Permanente de la Democracia, declaró al Partido Comunista ilegal, censuró las publicaciones de izquierda y convocó a conservadores y liberales a integrar un gabinete que se llamó "de concentración nacional". Pablo Nerada, que en ese entonces era senador por el Partido Comunista, fue perseguido, vivió durante meses en la clandestinidad y, al final, penosamente, por tierra, pudo salir en secreto de Chile.

En su Canto General, Neruda escribió estas líneas bajo el título "González Videla": "...En Chile no preguntan, los puños hacia el viento,

los ojos en las minas se dirigen a un punto, a un vicioso traidor que con ellos lloraba, cuando pidió sus votos para trepar al trono... A mi pueblo arrancó su esperanza, sonriendo, la vendió en las tinieblas a su mejor postor, y en vez de casas frescas y libertad lo hirieron, lo apalearon en la garganta de la mina, le dictaron salario detras de una cureña, mientras una tertulia gobernaba bailando con dientes afilados de caimanes nocturnos". En el Perú no tenemos, fatalmente, a un Neruda. Pero quizá hemos empezado a tener a un González Videla.

Alguien que pierde los ideales, un gobierno que abandona su esencia, un horizonte de bala y pragmatismo, la política hecha medición de PBI y aplauso de las agencias de calificación de riesgo, ¿qué son, qué galaxia de sentido forman? El fenómeno tiene un nombre: es la derrota de la inteligencia y el triunfo de la administración.■

sábado, 26 de noviembre de 2011

Lima y el resto del Perú - Una crónica desde las entrañas de la indiferencia.

Lunahuaná es, quizá, el lugar más próximo al cual acudir para escaparse de la rutina capitalina y disfrutar del sol y el deporte de aventura. Pasar una noche entre amigos, entre copas, entre varios vasos de plástico llenecitos de alguna marca extranjera de whisky. Armar una carpa y estirar los músculos y que luego la amiguita de turno te provoque las más extraordinarias erecciones.

Sin embargo, a unas 3 o 4 horas del paraíso sexual juvenil, viajando en combi con el suave olor del sudor, de los costales con verduras y de los alimentos no perecibles provenientes de Cañete, existe un pueblito llamado Ayza.

Hasta allí llegamos. Eran las 9 de la mañana. Habíamos salido de Catahuasi 3 horas antes y pasado la noche en una posada que con suerte encontramos. Con la misma suerte entramos 3 personas en una sola cama.

Ayza es un pueblito cuesta arriba, no por sus avances económicos o tecnológicos o por sus ingresos per cápita en ascenso. Es cuesta arriba por sus caminos empinados y el esfuerzo que día a día sus pobladores hacen para sobrevivir en un lugar donde a duras penas llega la electricidad. En Ayza no hay Internet y la señal de la telefonía móvil no existe. Tampoco tiene agua potable. Hay una escuelita de tripley bien pintada y con el irónico anuncio de “El Perú Avanza” en sus aires. Ayza está ubicada en la provincia de Yauyos, que queda en la ciudad de Lima. Lima la capital ¿La qué? La capital del Perú.

Mientras recorríamos la calle principal, buscábamos algún poblador que tenga un burro disponible para subir nuestras cosas a Tupe, un anexo de Ayza. Nuestro destino final.

Tupe es Ayza, Ayza es Tupe, pero a Tupe hay que ir caminando y si no tienes experiencia te demoras 4 o 5 horas según tu esfuerzo. No hay carreteras. Solo un camino en el cerro al borde de un precipicio con algo de vegetación en su recorrido.

El señor Mario nos alquiló un burro para que cargue nuestras cosas. Así el recorrido se hacía menos trágico. El animal nos costó 20 soles y nos recibió con el pene erecto que rozaba el suelo de Ayza. Al costado del burro estaba la niña guía, Carmen, tenía 9 años y cuando nos hablaba miraba hacia abajo, como avergonzada. Se reía cuando le hacíamos alguna pregunta:
-Carmen, ¿No tienes que ir al colegio hoy?
-No tengo clases pe si es sábado -, respondía sin dejar de sonreír y mirar al suelo jugando con su zapato que alguna vez fue negro y que alguna vez tuvo pasadores.

Iniciamos la caminata. Eran las 9 y media de la mañana. El sol asomaba cada minuto más. Se hacía más pesado caminar. Se desvanecía el agua de nuestras botellas y mis ganas de seguir. Incrementaban mis deseos de regresar a casa, tomar una ducha, coger mi computadora y dedicarme a hacer nada importante, nada relevante, olvidarme que existe Ayza, Carmen, que existe un burro cargando mis cosas, que existe un sol sofocante, que existo yo frente al olvido histórico. Borrar de mi mente que Perú le daba la espalda a su gemelo pobre y feo.

A las 11 de la mañana estábamos en medio de la nada. Si miraba hacia adelante veía un camino interminable, atrás el paisaje no cambiaba. Seguimos caminando. Ya nadie hablaba. Estaba sudando, intentando respirar, tratando de no beber y guardar mi reserva líquida para el resto del viaje, aún nos quedaban 2 horas.

A la una y media de la tarde logramos divisar un puente rudimentario por el que pasaban mujeres con la misma vestimenta que antes habíamos visto en Ayza: falda a cuadros y pañoleta color guinda y zapatos negros cerrados. Cuando vi el puente sentí que había concluido mi propósito de vida, ya podía morir en paz. Apenas lo cruce me podía llevar o dios o el diablo, pensaba. Lo único que quería era quedar inerte en el suelo tupino. Para siempre.

Había un letrero mediano al final del puente que decía: “Bienvenidos a Tupe”. Imaginé que luego de ese puente habría una feria, una plaza donde vendían artesanías, comida típica, diversión, turismo, vida, alegría, relajo. Sin embargo, cuando lo pasamos, nos recibió una plaza desolada, apenas enrejada, con bancas a su alrededor. El sol incidía casi directamente en el centro. El único ruido que se escuchaba era el que más allá hacían los obreros que construían una escuela de material noble, la única edificación de material noble en el paisaje. Las casas, incluso el hotel, eran de quincha y adobe.

Cruzamos la plaza y fuimos a la casa del señor Pedro, él nos hospedaría porque en el hotel ya no cabía espacio, estaba ocupado por los obreros traídos tal vez de algún lugar de Cañete. Durante el corto trayecto lo único que vi, a parte de las casitas, fueron las heces de burro por todos lados, el hedor era insoportable.

Nadie en casa de Pedro. Eran las 2 de la tarde y nuestros estómagos rugían reclamando alimento. Destapamos la cocina -su puerta era un pedazo de metal negro- que estaba ubicada al costado de la vivienda. No tenía más de 3 metros de largo. De ancho había apenas 2 metros. Encontramos una mesa, platos de plástico, pequeñas ollas y una cocinita que funcionaba a kerosene. Todo indicaba que debíamos cocinar.

Mientras los demás preparaban algo de comer, una niña se acercó a la casa. Yo estaba sentada en el frente, mi cabeza se partía en dos, en tres, en cuatro debido a la altura. Le pregunté su nombre. Cinthia tenía 10 años, 6 hermanos y su mamá se había ido al cerro a pastar a los animales, le pregunté a qué hora llegaba su mamá:
-A la noche, más tarde viene.
-¿Has almorzado Cinthia?- pregunté.
- No
- ¿A qué hora almuerzas?
- Cuando llegue mi mamá.

Su mamá llegaba a las 6 de la tarde, antes de que oscurezca completamente. Así que le dije a Cinthia que se siente conmigo y comamos el tallarín con atún que ya estaba listo. También se acercó otra niña más, Sandy, tenía 6 años pero su estatura era de una de 4. Se acercó arrastrando una botella de plástico aplastada que tenía un hueco en uno de los extremos por el cual atravesaba un pedazo de pabilo. Era su auto de juguete. Sandy tampoco había almorzado. Las tres nos sentamos a comer. Tomamos gaseosa comprada en una de las tiendas sin ventilación de por allí.

No hay lluvia y la noche tupina está estrellada. A las 19 horas las calles son desiertas, solo se escucha la bulla de las familias al interior de sus viviendas. El señor Pedro ha llegado con su esposa y nos han preparado la cena: pan, queso, cancha, oca y hierba luisa. Nuestro equipaje está en el segundo nivel de la casita, al cual se llega por una escalera que parece estar a punto de caer. El segundo piso no tiene ventanas. Hay dos camas con colchones que tienen la forma de las olas del mar, es decir, no dormiré bien.

Ya no hay bulla en todo Tupe. Son las nueve de la noche. Quiero llamar a casa. Todos queremos comunicarnos con nuestras familias y el único teléfono está del otro lado de la plaza. Caminamos y encontramos un espacio reducido donde hay dos teléfonos públicos. Al frente una tienda en la que venden tarjetas telefónicas a 5 soles. Nos toca hacer cola para coger algún teléfono. Delante de nosotros hay una mujer acompañada de 3 niños. Son sus hijos. La mujer que ocupa el otro teléfono está acompañada de 4 niños, uno más grande que el otro, también son sus hijos. 

El limeño no descansa antes de las diez. Mientras Tupe duerme nosotros permanecemos sentados frente a la casa de Pedro y fumamos y contemplamos las estrellas y queremos que nuestra corta estadía culmine ya y nos morimos de frío y pienso en Cinthia y en Sandy y en su carro, en su mamá, en sus hermanos. Cinthia dice que sólo tiene un carnero, no tiene burro. En Tupe los que tienen burro tienen más plata porque con el burro pueden traer cosas desde Ayza que llegan en camión desde Cañete. Y entonces recuerdo lo que me dijo Cinthia cuando le pregunté si creía en navidad. "Sí", contestó, pero no podían darle regalos “porque no hay plata pues, muy caro es dice mi mamá”.
- ¿Qué quieres para navidad Cinthia?
- Una muñeca-, me responde sonriendo y en sus ojos un brillo llenecito de inocencia. Cinthia sonríe y es feliz soñando cuando le digo que volveré una navidad y le traeré la muñeca más linda que encuentre en Lima y le pondré su nombre.

Es domingo y despierto con un dolor criminal en la espalda, Freddy Cruger entró en mis sueños y con la sierra eléctrica de Jason me partió en dos. Bajé para intentar lavar mis dientes y la cara en el único caño que tiene la casa y que extrañamente está fuera de ella. No hay duchas y el agua que entra en mi boca adormece los músculos faciales. Termino la tarea con la sensación de nunca más querer mojarme. Tomamos desayuno. Esta vez hay pan, queso, oca, cancha y sopa. Una sopa buenísima y a la temperatura perfecta para que mis músculos vuelvan a recuperar el movimiento y logren articular palabra alguna, me sale “gracias”.

Queremos entrevistar al alcalde de Tupe (para hablar del jaqaru, una lengua propia de Tupe, que está en extinción) y nos informan que el señor llega el lunes. Sospecho que el alcalde no vive por aquí, no sé si viva en Ayza o tal vez no sea tupino. No lo sé. Lo único que sé es que quizá no lo entrevistemos porque hoy tenemos planeado irnos. 

Por nuestro lente pasan pobladores, profesores y niños en general. Mi amigo que fungía de director del "documental" acerca del jaqaru, nos da la amarga noticia: debemos quedarnos un día más para entrevistar al alcalde.

Estaba resignada. Mi casa, cama, amigos, mis noches limeñas, los bares, el Tayta, Barranco, Tizón, el malecón, la bicicleta, las chelas del grifo, los amigos, los chistes, la parrilla, el vino, el verano limeño y las hormonas descontroladas. Todo formaba parte de una utopía. Un sueño de opio. El panorama era el de un cerro desconocido, las heces de burro por todos lados, el dolor de cabeza, la poca comida que podíamos conseguir pese a tener dinero. Pensaba en Cinthia y en todos los problemas que la rodeaban y sin embargo ella sonreía y no se daba cuenta, Sandy y su juguete con el que inexplicablemente se divertía, en la pelota desinflada con la que jugué con unos niños en la plaza, era domingo en la tarde y yo podría estar en casa almorzando o aplastada leyendo, pero estaba a varias horas de allá. Jugando con niños que no conocía, que tenían sus zapatos blancos porque no hay betún, tenían la ropa vieja, las mejillas rojas, la nariz con mucosidad y reían y yo quería llorar y ellos reían y yo quería coger mis cosas y largarme y no regresar nunca más y ellos continuaban riendo felices, desconociendo lo que existe más allá de su pueblo, desconociendo que hay un grupo minoritario de gente egoísta que difícilmente ve más allá de sus narices, de sus pistas, de sus casas, de sus playas, de su buen vivir, de su buen comer, de su buen vestir. Un grupo que, sin embargo, se alimenta de los impuestos que los tupinos deben pagar. Y una parte de ese grupo viste de sastre y corbata y sonríe a la cámara y otras veces le sonríe a su propia billetera y ese falso sentir los hace merecedores de un cargo público que ostentan con hidalguía perfumada de hipocresía y se sientan y se cagan en el llanto del lugar más paupérrimo y lejano del Perú olvidado, esa plaza, esos niños, esa gente, ese Perú pobre y feo que no queremos ver.

La mañana estaba húmeda. Ya era lunes. Coloqué la cámara de tal manera que enfoque toda la plaza mientras los niños formaban antes de ingresar a la escuelita que por ahora era un conjunto de aulas improvisadas -con paredes de lata- que ellos mismos limpiaban todas las mañanas antes de sus clases ¿Cómo van a limpiar ellos sus aulas? Los vi: niñas con escobas, niños con baldes cargando agua para limpiar su lugar de estudio. Cinthia barría, llevaba la misma ropa de hace dos días cuando la vi por primera vez.

Cantaron el himno nacional, el himno peruano, la voz en alto, orgullosos ¿Cómo pueden cantar el himno de un país que los tiene olvidados? ¿Cómo puede uno amar a un país que desconoce su existencia, sus necesidades, sus penas, sus alegrías, su pobreza? 

Nunca entrevisté al alcalde. Nunca lo conocí. Nunca llegó y me largué de Tupe. Cogí mis cosas y me fui sin despedirme ni de Cinthia, ni de Sandy, ni del señor Pedro. Me largué molesta y con los ojos abiertos de realidad. Más allá de Lima, más allá de las grandes ciudades.

Así como Tupe hay miles de pueblos olvidados por los gobiernos de turno que hace más de 20 años defienden un sistema intocable y perfecto y miserable.

Fui a Tupe en julio de 2010, en el último año de gobierno del presidente Alan García. Meses después el mandatario colocó una estatua de 30 metros en el cerro del distrito limeño de Chorrillos. Una estatua rimbombante, altanera, soberbia. García había donado 100 mil soles para colocar ese pedazo de concreto inservible y banal que además está dotado de un sistema eléctrico para que todas las noches alumbre las costas limeñas de la manera más ridícula y estúpida posible.

Mientras tanto en Tupe todo seguía igual: sin agua potable, sin servicios higiénicos en las casas, sin comunicación, sin pistas y débilmente iluminado. Aquí no más, a unas horas de Lima.

jueves, 19 de mayo de 2011

Consejos antes de suicidarte accidentalmente

De todas las cosas que puedes hacer antes de morir, sin pena ni gloria, debes realizar obligatoriamente éstas:

Mata a una cucaracha a los 6 años así te cagues de miedo y sientas que revivirá debajo de tu zapato y que crecerá dos metros más y volverá para vengarse de ti, eso no pasará, mátala y arrójala más allá, luego vuelve hacia ella y disfruta de su cadáver inmóvil e inútil para siempre.

Toma agua del caño, más rico si es de la manguera del jardín de la casa del vecino, del cual a su vez, has arrancado flores y se la has llevado a tu mamá. Bonito es recibir lo que tu hijo robó, de nada mami.

Después de manejar bicicleta en vacaciones de verano, métete a la refrigeradora con el cuerpo caliente y tómate la gaseosa de tres litros que compraron para todos, pero tómatela de pico y que no te importe si la has babeado, no te detengas hasta saciar tu sed, luego guárdala y si te descubren muere en negación.

En el salón de clases, nunca te sientes en la primera fila, procura siempre sentarte detrás de alguien con cara acojudada, jálale el pelo, échale basura, cáscaras de fruta, migas de pan y papeles dentro de la chompa y mejor si toca su espalda y se le va al calzón, si es mujer y lleva el cabello largo, aprovecha el curso de manualidades para cortárselo, si te culpan: una vez más mueres en negación, trátala de loca, a la salida vete sonriente a casa.

Róbale la comida a tu amiga más miserable, esa que lleva 3 panes con tortilla de hot dog y huevo, y la muy descarada reparte la mitad de un pan para 5 personas, se alucina Jesucristo y cree que nos sacia a todos, róbale todos los panes y jódela para que aprenda, si ha llevado limonada tómatela en su cara.

Patéale la mochila al compañero que te dé la gana, píntale la carpeta.

Súbete la falda en secundaria de tal manera que tus compañeros alucinen contigo y si eres hombre procura entallarte el pantalón de tal manera que las chicas no se esfuercen tanto cuando te miren el paquete.

Métete en problemas y trata de salir airosamente sin vergüenza de todos ellos, y procura culpar a alguien más.

En la graduación nunca digas palabras cursis, di que el colegio es una mierda, que te alegras de irte para siempre y de que por fin te deshaces de las caras feas de tus profesores, el uniforme incómodo, levantarte temprano, procura decir al menos una lisura en tu discurso de graduación y, cuando lo hagas, mira a la cámara y luego a la directora, si te atreves a mostrarle el dedo medio a todos, me llamas para darte un chape.

Nunca está demás ir a la universidad y mandar a la mierda a uno, o dos, o tres, o a cuatro profesores.

Nunca tomes hasta morir, ni mucho menos hasta perder la conciencia, deja que los demás lo hagan, tú sólo espera sigilosa y aprovéchate de la situación, cuando te pregunten finge amnesia, es de caballeros, es de damas.

Come rico, no vomites (eso es de calabacitas). Si no tienes nada bueno qué decir, mejor no digas nada. Mírate al espejo todas las noches y deséate y alucina contigo misma, vuélvete gay por ti. Has ejercicios hasta que te canses, si no quieres hacerlos no te esfuerces, todo lo que sea obligatorio hace daño, causa estrés.

Como las mujeres lloramos una vez al mes, procura hacerlo por algo que realmente valga la pena, luego come pan con fudge y un té tibio mirando South Park y cágate de la risa.

No te drogues, no fumes marihuana, deja que los demás lo hagan, ellos matarán más neuronas que tú y cuando llegues a viejo ríete de ellos y de sus lagunas mentales.

Procura no publicar tu vida en las redes sociales, haces que mentalmente te mente la madre, no escribas con letras altas y bajas, ozeA aLgO aziií ves, AmiX? usando la Z en vez de la S, en otras palabras más concretas: no seas un imbécil.

Toma tu sopa, come tu papa, toma tu chela, tírate a todos y a todas las que puedas y tírate un pedo delante de más de 3 personas, sé infiel, cágale la vida al menos a 4 personas, o sea, rómpeles el corazón, que te recuerden por siempre, que te odien, que quieran mandarte matar, pero que no te olviden. Duerme hasta tarde, no cocines a menos que sea domingo y quieras inflar tu ego diciendo que puedes hacer de todo y todo lo haces bien. Duerme, duerme, duerme, no te quedes hasta las cuatro de la mañana escribiendo esta huevada. Por último, escribe siempre con lisuras y si te dicen algo mándalos a la mierda.


jueves, 5 de mayo de 2011

GRACIAS POR VENIR HOY

¿Cómo has estado?, sigues hermosa como cuando te vi por última vez, antes que me dejes. Todo este tiempo te he imaginado a mi lado, acompañándome en cada paso y dándome la mano en cada caída, para poder levantarme. Si te hice renegar alguna vez, perdóname, soy joven y trato de hacer lo mejor que puedo para sobrevivir. Me gusta cuando sonríes y te acercas y me besas, me gusta que me tomes la cara y me mires, y me gusta más cuando recuerdo tu mirada así: sencilla, tranquila, relajada.

Esos lentes te quedan excelentes ¿sabes? Y esos ojos mágicos que tienes me llenan de envidia, había olvidado lo hermosa que eras y todo lo que se sentía verte sonreír.

Que bueno que te haya gustado todo lo que te conté, prometo hacer lo posible porque se cumpla, de mí depende, me haré cargo para que suceda, por eso ya quiero que llegue la navidad.


Como te comenté, volví a ver a tu hermano y es igual a ti, tiene la misma mirada, el color claro de tus ojos, tu voz, tu sonrisa, cuando lo vi disimulé cada lágrima, me contuve. Y es que escucharlo hablar fue como si volviera yo misma a oírte, seré sincera y la verdad es que fue hace tanto tiempo que el recuerdo vivo de tu voz se estaba desvaneciendo en mi memoria, perdóname por eso también.


He apuntado fielmente los horarios de visita que haces en la casa donde crecí, me dijeron que eran a las 10 de la noche, para despedir a Tere, cuando se haya dormido y a las 4 de la mañana, para besarla y verla antes que despierte.

 

Este sábado iré a la casa, no sabes las ansias que tengo de que a mí también me beses, me tapes cuando esté dormida y me contemples. Ese día quiero dormir abajo. No importa en el sillón de la sala, es que de verdad tengo muchas ganas de verte, aunque no estoy segura si lo logre, pero al menos quiero sentirte cerca, sentir tu presencia, sentir tu mirada desde algún rincón, así como cuando era niña y me escuchabas mientras te explicaba todo lo que había aprendido en el colegio con muecas y todo, y ya que hablamos de eso, ¿Recuerdas cuando me ponía a tu lado con mi cocina de juguete mientras tú cocinabas de verdad? Ja ja, a mí también me da risa. ¿Y cuando en las tardes me veías por la ventana de la casa cómo jugaba con mis amiguitos? Sabes, me encantaba voltear hacia la casa y verte allí mirándome con una sonrisa. Son tantos recuerdos contigo, cuando cantábamos, cuando bailábamos, cuando ponías música los domingos en la casa, a Santana sobre todo, por eso que ahora me encanta escuchar a Santana, y cada vez que lo escucho te recuerdo balanceándote al ritmo con la escoba en la mano y con los ojos cerrados sintiendo la música y yo hago lo mismo cuando lo escucho, me he copiado tu estilo, es que eres auténtica.

 

No sabes el infinito placer que ha sido volver a conversar contigo y haberme permitido verte sonreír y escuchar otra vez tu voz. Vuelve pronto, es que me haces mucha falta, tú lo sabes. Y si te digo que vuelvas es porque te extraño y porque sabes que para mí es imposible poder irte a buscar, la que puede venir eres tú, no importa si no me avisas, como ayer, sabes que ya estoy preparada, no le hagas caso a mis lágrimas, son de emoción, no sientas pena, mas bien alégrate, ninguna tristeza me puede destruir, después de tu partida y de tus periódicos regresos no hay nada que conmueva más a mi corazón.
 


Agradezco infinitamente tu visita, los años se pasan volando y no falta mucho para reencontrarme contigo y que nuestras almas vaguen juntas, libres, la verdad es que lo anhelo mucho pero todo a su debido tiempo.
 


Otra cosa, no sé si ponerle tu nombre a mi hija, quizás sea muy cursi, espero tus propuestas pues, a ver qué nombre quieres, si quieres puedes lanzarlas desde ahora, apuntaré el nombre para cuando sepa que tendré una hija ja ja, ¿Tú qué dijiste? “Ya tan rápido”, no pues, ni siquiera me he casado, pero ni hablemos de matrimonio porque luego me pondré a llorar otra vez, mira mis lágrimas, es que no puedo evitarlo, quisiera que estés para mi matrimonio, pero no hay problema, sé que me estarás viendo desde un rincón como siempre, y una sonrisa se posará en tus labios, pero bueno, guardaré mis palabras para ese momento, prometo escribirte, ¡No te rías de mí! Ja ja, sigues siendo una burlona, te quiero.



Ya me tengo que despedir, estoy sentada frente a la compu de la casa, dame un beso, cerraré los ojos para sentirte (…) gracias mami, te amo mucho. Ven pronto a mis sueños que cuando sueño contigo me levanto de buen humor como ahora. Besos y hasta luego.






martes, 29 de marzo de 2011

SIETE COPAS DE PERFIL...

Otra noche más sin poder dormir y un relato que empecé a escribir mientras estaba apunto de salir de la oficina. Digamos que todos alguna vez hemos querido más de la cuenta y el tiempo, sabio maestro, nos ha curado y nos ha sacado de ese enorme mar en el que casi casi hemos naufragado. Y sólo los inteligentes saben que no volverá a suceder. Aquí vamos


SIETE COPAS DE PERFIL

 

Luego de años nos hemos encontrado, yo más parca, más pausada al hablar, pienso 3 segundos más para decidirme hacer algo, no tomo tanto, no me enamoro, los años pesan sobre mí, la experiencia, los problemas, las decepciones, tú.

Tú, con esa locura característica, con las mismas palabras, con la misma voz, la sonrisa, haciendo todo rápido, hablando rápido y de lo que sea, con demasiada espontaneidad, tus palabras fluyen como el vaso de whisky que bebes, no fumas, yo evito hacerlo por ti.

Conversamos, me río de lo que haces, suelto incontables carcajadas, eres genial, me gustas, me gusta estar contigo, bebemos, reímos, si acaso una lágrima se me escapara hoy, sería de alegría, de tenerte cerca, de no haberte perdido, de saberte existente en cada segundo que vive y muere aquí, con nosotros.

Cuando te miro trato de apartar la vista, es que verte me recuerda a aquellas épocas de intolerancia, de mucha acción, de adrenalina, de problemas que nos buscábamos para hacernos la vida más interesante, menos aburrida, para pelear, para escuchar tus reproches, para aguantarte, para calmarte, para esperar paciente el fin de tus eternos arranques de huir. Entonces la noche transcurre y te voy queriendo más, no sé aún si al recuerdo de tus besos, si a la foto tuya que aún tengo guardada con llave, si al pasado que nos acompaña y a veces nos aturde, tú te ríes yo te pido que no lo hagas tan fuerte, la gente nos mira, vámonos.

Has bebido más de siete copas de distintos tragos, la sangre se sube a tu cabeza, te conozco tanto. Es hora de partir; aunque prefiero que la noche se haga un poco más larga hoy, para tenerte al lado, nada más mirarte, contemplarte como antes, con la diferencia de que hoy no se acabará el mundo si dejo de hacerlo, no se acelerarán los latidos de mi corazón, es sólo el placer de verte de perfil, ya lo sabes, no diré más. Para terminar, quería que sepas que nunca antes te escribí porque la emoción no me dejaba pensar, sólo podía poner Te quiero, Te amo y esas cosas estúpidas y acojudadas, porque el amor es estúpido, por eso nunca más me enamoré.

Ésta ha sido una noche distinta, he sentido nostalgia, ternura, pena, alegría, una mezcla de todo, pero toda la felicidad que siento a tu lado ya no me cautiva, no moriría por seguir aquí, hoy te dejo ir, libre yo, libre tú, libres para siempre, yo con otro, tú con mil, yo caminando, tú corriendo, yo pensando, tú actuando. Diferentes como antes, pero esta vez cada cual por su lado, yo no dejaré de pensar en ti, búscame como hoy cuando lo sientas necesario, a pesar de todo aquí estoy para secar tus lágrimas, para escucharte, para reír, para solucionar en lo que pueda tus pequeños problemas, ya sabes cómo soy y cómo seré contigo, no más reproches, no más gritos, de ti sólo quiero tu sonrisa, tu perfil, tu eterno cariño.

Perdóname por aquellas cosas que te hicieron odiarme por un instante o por mil.

Ha sido un placer.















miércoles, 2 de marzo de 2011

Anuncio mi muerte...

Me estaba olvidando de alimentar este blog. Buscando y buscando, encontré y arreglé un escrito antiguo, al final me dijo algo importante y me gustó. Aquí vamos.


ANUNCIO MI MUERTE 


Anuncio mi muerte con esta corazonada de paz en este corazón que ha venido para habitarme tardío y complaciente...

Anuncio mi muerte porque vivir no es más que morir un poco cada día...

Anuncio mi renuncia a esta vida que socava la propia existencia, arrestada en su ineficiente libertad y menoscabada por la ley de la gravedad,
esa puta ley que es obscena, que se mofa, que ironiza conmigo, maldita indecente.

Anuncio que huiré, sola y maldita
me voy antes de perder conmigo misma.
Prefiero huir antes de seguir en este constante calvario rutinario, pérfido, osado...
Es preferible la salida con la frente sobre la superficie antes de terminar de ahogarse...
Prefiero contar uno, dos y tres, que llegar a 100 e insistir, e intentar cambiar estos necios, ciegos, insolentes segundos, millones de ellos que agobian la mente, la perturban, la degeneran de imágenes sin vivir, anheladas inconscientemente, falsas, que no llegarán...
Con seguridad digo que hoy me despido de este cuerpo que me insultó la existencia, este cuerpo que no me comprende, que se aferra a que lo ame, que lo soporte, este cuerpo enamorado del alma que insiste en seguir junto a mí.


El alma se separa de este cuerpo y se va en búsqueda de una aventura más mediocre o más barata.
Este cuerpo se queda sin alma y el alma se retira desafiando la gravedad aunque sepa que luego, muy pronto, volverá a invadir y se corromperá nuevamente con la incomparable sensación de volver a respirar, con el ávido deseo de observar, de oler, con el delicioso y banal placer de sentir...
Y para que no se olvide de vivir, volverá a perderse en un susurro, oculto y lejano, de una noche fascinada por el milagro de verse envuelto en tan poco remordimiento: pecar mientras se piensa que se está vivo...

lunes, 21 de febrero de 2011

Ellos me están esperando...

Aquí va el post de hoy lunes. La historia es tomada de la vida real. Le pido perdón a mis hermanos por esto y también les doy las gracias por apoyarme. Los quiero con cada partecita de mi alma.


ELLOS ME ESTÁN ESPERANDO


La enfermera se acercó a inyectarme otra vez, en lo que va del día son cuatro las inyecciones que voy recibiendo, no sé qué me inyecta, de lo único que soy consciente es del olor nauseabundo que hay en este lugar, huele a enfermo, y una vez al día yo misma despido un olor fétido y luego viene una señora a cambiarme. Siento las voces de mis familiares que se acercan a preguntar qué es lo que necesito, escucho a mi esposo preocupado, le piden medicinas de nombres raros y luego él se retira, no me mira y no sabe que lo estoy mirando, no sabe que lo puedo escuchar, sé qué hora es, pero no sé qué día es, extraño a mis hijos, veo a los tres mayores en las noches, ellos también se acercan a preguntar qué es lo que necesito, pero no he visto hace tiempo a mis hijas, mi esposo seguro no quiere traerlas aquí, las extraño mucho y estoy muy preocupada por ellas. 

Quiero que todo esto pase, tengo fe en que sea algo pasajero, me curaré y regresaré para verlos y disfrutar los días con ellos más que nunca, verlos sonreír, verlos crecer, cuidar a mis hijas, prevenirlas de lo que la vida les depara, enseñarles a mis hijos a tratar a una mujer, a quererla, a respetarla, quiero que sean felices, mucho más que yo, quiero salir a pasear con mi esposo y con ellos, quiero que nos dé el sol y verlos sonreír siempre. Extraño los domingos con ellos, hoy no sé qué día es, pero quiero que sea domingo y quiero verlos, quiero cocinarles algo delicioso, quiero cantar y bailar con ellos, quiero burlarme de la gente con ellos, quiero abrazarlos, besarlos, no sé si están bien, qué tal si mi hija menor está enferma, me preocupa no estar ahí cerca y alerta ¿Y si mi esposo no lo hace bien? ¿Si no está alerta como yo de mis hijos? ¿Y si no puede más con la enorme presión de velar por ellos en mi ausencia? Por eso quiero regresar, debo regresar, ya no quiero que me inyecten más, la enfermera está a punto de inyectarme una vez más, ahora me está dando sueño, me hacen dormir ¿Por qué si yo no quiero dormir? Lo que quiero es salir, caminar, hablar, no quiero estar más aquí, me están durmiendo pero la cólera me invade, ¡No me duerman, por favor, no me duerman!

Acabo de despertar, el reloj que a duras penas logro divisar marca la una con diez, pero no sé si es de noche o de día, al costado de mi cama ya no está la señora que vi la última vez que cerré los ojos en contra de mi voluntad, no quiero preguntar a dónde se fue, a dónde se la llevaron, pienso que tal vez se mejoró y está ahora con su familia, así como yo estaré pronto con la mía. Lo cierto es que me siento cada día más débil, no me duele nada, es cierto, pero cada día siento menos fuerza en mi cuerpo, sólo puedo mover mis dedos de las manos, abrir y cerrar los ojos, me siento cada día más ligera, quizá sea porque esté perdiendo peso debido a la enfermedad, pero eso es lo de menos, gorda o flaca quiero salir pronto de aquí, la enfermera parece que no me inyectará hoy y eso me alegra mucho. También siento unas ansias inexplicables en el corazón, me late más rápido que cualquier día, presiento algo, algo bueno, mi audición parece haberse agudizado, puedo escuchar lo que pasa afuera, escucho gente, pasos, risas, conversaciones, eso también me alegra, hoy me siento parte del mundo.
Al cabo de unos minutos, mis ansias se han desvanecido, estoy viendo entrar, en la habitación, a mi hija la mayor de las mujeres, ella se acerca, me mira, me toca la mano y yo sólo puedo mover mis dedos en respuesta, quiero abrazarla decirle aquí estoy mi amor, pero ella llora, yo no sé por qué llora, quiere recostarse sobre mi pecho pero la enfermera maldita se lo niega, no puede acercarse a mí, pero si es mi hija y yo quiero que me abrace, no se puede y ella sigue allí, contemplándome con pena, como si me fuera a morir, ahora que tengo más ganas que nunca de vivir, hija mía, no me mires así, por favor. Mis otros hijos también entran y me miran. Luego entra la penúltima, entra nerviosa, la noto temblorosa, la conozco bien porque es la que más se parece a mí, en todos los aspectos y cuando está nerviosa mira a todos lados y mientras se acerca más a mí veo que la garganta le tiembla, empieza a hablarme, me dice que le va mejor en el colegio, que está tratando de estudiar más cada día, ella acaba este año la secundaria y quiero que en su fiesta de promoción esté radiante, más bella que nunca, yo misma quiero elegirle el vestido, ella confía en mí, en mis gustos, dejará que le elija el vestido, pero a veces siento miedo, ella es demasiado sensible y no quiero que nunca se sienta derrotada, quiero que sea fuerte y que aprenda a vencer todos los obstáculos en su vida y quiero que se quiera más que a todo lo que la rodea. Entonces ella también llora, igual que su hermana mayor, llora y eso me preocupa, si tuviera fuerzas la abrazaría y le diría que se calme, cálmate mamita, yo estaré contigo pronto, más pronto de lo que crees, ya falta poco para estar otra vez contigo, perdóname mamita por haberte hecho a veces sentir mal, prometo ser mejor madre para ti de ahora en adelante. Todos han entrado menos mi hija menor, seguro no la dejan porque está muy pequeña, quería verla, quería escuchar su vocecita, pero ya será pronto.

Ellos se retiran, no quiero que se vayan, quiero pararme e ir con ellos, tomarlos de la mano y salir de este lugar, pero no puedo, me siento muy cansada ahora. Ya los perdí de vista, han salido de la sala, afuera se escucha otra vez la bulla, la gente conversa, ya no escucho risas, alguien llora, desconsolada, y suspira, se nota que llora desde las profundidades de su pequeño corazón, es mi hija, la menor, no llores mamita, aquí estoy contigo, tranquila mamita, pronto estaremos otra vez juntas, no llores que esos ojitos lindos se ven feos cuando se hinchan, no llores por favor hija, me partes el alma, siento una enorme impotencia dentro de mí, no puedo hacer nada, mis hijos han llorado, todos, mi esposo, no puedo soportarlo más quiero salir, no por favor, enfermera no me inyecte esta vez, por favor ayúdeme a salir de aquí, ayúdeme a levantarme, debo ir con mi familia, me necesitan, mis hijas pequeñas, ¡No me inyecte, por favor, no me inyecte! 

Acabo de sentir la aguja entrar por mis venas, todo está más relajado, mi cuerpo se hace cada vez más ligero, es hora de cerrar los ojos nuevamente, ojalá cuando despierte pueda estar sana y fuerte para ver a mi familia, ellos me necesitan, me extrañan, ellos me están esperando.


Te amo mamá. Teresa Lozano mayo 1950 - mayo 2001

lunes, 14 de febrero de 2011

El loco

Aquí va otro adelanto de lo que será La Puta Amaestrada, el loco es otro de los personajes. El nombre es tan especial que no lo he puesto todavía.
Mientras tanto, en este 14 de febrero les mando un saludo sobre todo a aquellas personas que aman en silencio, y es que me parece que el silencio es más intenso que cualquier palabra y más significativo que cualquier peluche o rosa estúpidos. Perdón por la sinceridad y gracias nuevamente.


EL LOCO


El loco prendió un cigarro para poder frenar sus pensamientos constantemente acelerados. El loco era un tipo apuesto, inteligente, y un semi alcohólico, ya que no rechazaba ninguna copa de vino, ninguna salida, el loco no baila, pero bebe sentado, como endemoniado. Al loco le gusta beber y hablar, no para de hablar, de filosofar sobre la vida. 

Mientras el cigarrillo se consumía, el loco había estado pensando que en el difícil oficio de vivir, osea de mantenerse de pie soportando, resignado, la fuerza de gravedad, a la que toma como un castigo perpetuo de dios o de quien sea que nos haya creado o simplemente puesto aquí en esta tierra, en este oficio; sin embargo, nunca dejamos de tratar de disfrutar de la vida que se nos regaló o que tal vez nos obligaron a vivir. 

En ese sentido el loco rabioso llegó a la conclusión de que tenía que sacarle el mayor provecho y disfrutar de la vida tanto, que su goce resulte un insulto para su creador. 

El loco iba a la universidad y siempre que podía trataba de burlarse de sus profesores, hacerlos caer en ridículo y en los últimos años iba hasta en estado de ebriedad, es un bohemio y hasta dicen por ahí que cuando estaba en el vientre de su madre, la mujer fumaba tanta marihuana que el loco nació así: Loco. 

La frase más célebre del loco era: La vida es una mierda, pero aún así nunca quiso dejar de vivirla.

Él y Úrsula se conocieron bien una noche de invierno, se encontraron con unos amigos de Uchu en un bar de Miraflores, hacía frío. Ella se había convertido en un capricho más del loco, él la quería poseer cueste lo que cueste. En el salón de clases, el loco se sentaba con ella, o a veces, cuando Uchu decidía sentarse sola atrás, el loco la miraba, volteaba a cada rato para pescar su sonrisa cuando alguien hacía una broma. 

Ese día en el bar, los dos sabían para qué se habían encontrado y, aunque el loco no baila y ella tampoco, se sorprendieron en la pista de aquel bar, y se acercaron de a pocos y de a pocos también fueron juntando sus labios, Uchu sentía como si ese beso fuera el primero de su vida y sintió, como hace mucho no lo hacía, esas cosquillas o mariposas en el estómago, esas que te avisan que lo que estás haciendo te resulta realmente placentero, que te gusta hacerlo, que no te arrepentirás, sintió eso que te dice que te estás enamorando.

Esa misma noche, salieron del bar rumbo a la nada, caminaron por el parque que estaba justo cruzando la calle, caminaron y se abrazaron, no soltaban palabras, sólo se limitaban a mirarse, sorprendidos por lo que estaban sintiendo, pero se hacía tarde y el loco la llevó hasta su casa y en el camino Úrsula quiso disipar todas las dudas y se pasó el viaje preguntándole al loco sobre las historias que había escuchado de él, si es que alguna vez probó marihuana, si es que era bisexual y otras cosas. Uchu escuchó lo que quería escuchar y lo quiso y lo besó y lo miró y nunca quiso que esa noche acabara y nunca quiso dejar de ver al loco, pero como todo caprichoso y fumador ocasional de porros, el loco la dejó ir como a un ave que mantuvo enjaulado, la dejó ir sin más preguntas, la dejó ir con esporádicos regresos y encuentros inconclusos, la dejó ir para no hacerla sufrir, para que su recuerdo no sea una huella tan honda en la arena del mar de los sentimientos de la pequeña Úrsula, la dejó ir para quererla a los lejos, porque el loco, loco como era, mantenía un secreto del que nunca habló con ella, por ese secreto el loco huyó, porque si se enamoraba de Uchu ambos serían infelices por un largo tiempo.

Quién sabe si tal vez algún día Úrsula y el loco vuelvan a verse, a encontrarse, quién sabe si se miren como aquella noche, quién sabe si sentirán las mariposas sin alas que sintieron en el estómago al mismo tiempo.

Mientras tanto, sueñan el uno con el otro y tratan de insultar a su creador tratando de vivir la vida en su plenitud y es que, como diría el loco: “Lo importante es saber resistir”.

viernes, 11 de febrero de 2011

La puta amaestrada

A continuación un pequeño relato de lo que será mi primer escrito: La Puta Amaestrada, es impersonal y espero que les guste.
Y un agradecimiento especial a mi amigo Miembri Pepinillo (José Membrillo) por haber hecho el bosquejo del libro que algún día publicaré y quiero que sepa que gracias a ese bosquejo, me dio, sin saberlo, muchas más ganas de seguir escribiendo, me hiciste soñar con esa portada. Gracias amigo, hijo de mis extrañas, por animarme a seguir en este camino.


LA PUTA AMAESTRADA


La pequeña gran puta ha llorado toda la noche, desconsolada, ha llorado tanto que sus lágrimas humedecieron completamente su única y pestilente almohada. La pequeña puta está triste y aunque no se arrepiente de todo lo que hizo, no puede evitar pensar que haberlo hecho estuvo mal, no es bueno andar acostándose con cualquiera que cruza tu camino, que te invita una copa y te lleva a su cama de dos plazas, no es bueno pequeña gran puta. No es bueno llegar a un lugar y querer arrasar con todos los asistentes y lo menos bueno es hacer mentir a tus amantes, hacerlos caer en la miseria de verse sorprendidos ante la sociedad, verse sorprendidos siendo amantes de una puta, a nadie le gusta que lo vean con una pequeña puta como tú. Y por eso hoy te han echado como a una perro sarnoso. Aunque te prometan amor para siempre, nadie te querrá, siempre llegarán a la conclusión que deben deshacerse de ti. Por eso hoy, pequeña gran puta, hoy estás destruida y no es la primera vez, lo sabes muy bien, sabes que hace algún tiempo te echaron como hoy, y aunque lo hicieron con más desdén que ahora, siempre es por la misma razón. Y es que tú nunca has podido ocultar en las calles lo puta que eres, te portas como puta, te vistes como puta, hablas como puta y haces que todo mundo se entere que eres una puta. Y aunque te sientas orgullosa de serlo, nadie te aceptará.
Tendrás que resignarte a vivir siempre así, saltando de cama en cama, endulzando a tus amantes hasta el hartazgo, porque ellos siempre llegan a hartarse de ti, y es que a parte de ser una puta, eres hipócrita y soberbia y crees siempre tener la razón, crees siempre ser más que los demás y no te gusta que te corrijan. Pero lo peor que hiciste pequeña puta fue meterte con el mejor amigo de tu anterior amante, cuando éste último te botó y te largó de su vida para siempre, fuiste como una pequeña ardilla huyendo de su árbol caído, fuiste y te metiste entre sus sábanas y pensaste que así el anterior volvería y te pediría que vuelvas, pero no, el anterior amante disfrutaba de las cosas que hacías con su mejor amigo ,el anterior amante es tan perverso, más perverso que tú, y se ríe de ti a lo lejos y se ríe porque tú pensaste que lo engañabas y aunque éste disfrute viendo cómo degradas tu vida, no le cayó bien que su mejor amigo haya mentido por ti, haya cruzado miradas contigo y en su presencia, no le cayó saber que su mejor amigo recogía la basura que él botó, osea a ti. Y es que todos quieren lo mejor para sus amigos y por esa razón tu ex amante quiso lo mejor para su amigo y no una pequeña gran puta como tú. Pequeña usada.

Hoy estás secando tus lágrimas y el maquillaje se te corrió, tus ojos están hinchados y sabes que no es la primera vez y también sabes que no es la última. Te estás resignando a seguir ese camino agreste, ese camino en el que ruegas amor, ese amor que nadie te dio cuando eras una niña, ese amor que todos te negaron lo mendigas y eso te hace ser lo que eres: una detestable, desdeñosa y una pequeña gran puta.

 Cuando cambies y sepas respetar a los demás y a no meterte con quien no debes, cuando hagas todo eso que te hace gente, en ese momento podrías, tal vez, llegar a ser: Una Puta Amaestrada.

jueves, 3 de febrero de 2011

Que Nadie se detenga

¿Debo decirles bienvenidos? Asu qué aburrido, mejor no lo hago, porque lo más probable es que ni yo misma visite mi propio blog. Ok mi primer post para que este blog deje de ser virgen será un escrito hecho por esta servidora. Pero antes adelantar que no sólo publicaré mis cositas, supongo que habrá de todo, ojalá pueda y no muera en el intento. Aquí va mi primer post:

QUE NADIE SE DETENGA

Soy uno y soy todos, soy niña y adulta, soy hombre y mujer, soy la viajera sedentaria, la incertidumbre y la certeza, la miseria de los pasos perdidos, el recuerdo. Soy la voz, la calma, el llanto, el campo. Me pierdo y a veces volteo y sigo aquí, errante, inconstante, soy nómade en un sólo sitio. Soy la que escribe, la que calla, soy la que avanza, la que alcanza, soy, estoy y a veces puedo desaparecer y ser nadie y amar a nadie y que nadie me mire y decirle a nadie: Nadie yo te necesito. Y nadie vendrá a mí como la noche al día, como la lluvia a la superficie, como la muerte a la vida. En nadie me regocijaré y me rendiré ante nadie.



Mañana regreso a la simplicidad del infierno y a la pureza de la muerte, me iré recogiendo los pasos que no he visto pasar, las huellas de los perros que me han seguido, hambrientos. Me voy con el vino que he robado en aquella tienda, me voy y en el camino mi mente volará y pensará: “A nadie le importa si muero de sed, nadie me dio agua para saberme viva”. No llevo comida porque supongo que mi carne ha de tener un buen sabor, el sabor de encontrarme sola y simple, arrancándome los pedazos que me quedan, y bebiendo el delicioso cóctel de mi sangre y del vino.



Y que me busque en el viento y que oiga mis silbidos y mi vuelo, y que no me vea nunca para poder jugar con nadie, y que se muera en mis ojos y que a su cuerpo lo devore el ave que vuela a mi lado, que nadie se convierta en carroña y se sepa en derrota, que nadie aprenda, que nadie esculpa sus culpas, que nadie se arrodille y llore, que venga a mí a beberse mi sangre y mi vino y que a nadie persigan por mí y que huya y que corra y no aguante más, nunca más nadie.